Pequeños pies ingleses

ilustraciones de Aurora López
prólogo de Carlos Salem

edición original

Talentura, Madrid, 2013
colección Mezclatura
ISBN: 978-84-941766-4-7
166 págs
fotografía de cubierta: Laura Muñoz

«Un morse del amor, hecho de puntos y rayas que no se borran con las dudas cotidianas. Eso consigue Marcelo Luján con este libro de breves piezas que vertebran un gran amor, uno de esos que hasta los cínicos diplomados envidiamos. Las rayas las ponen los dibujos de Aurora López, asombrosamente complejos en su sencillez. Y los puntos, en estas piezas que para mí incurren en una prosa poética de altura, los puntos marcan el sístole y el diástole de una relación agónica, vivificante, dolorosamente feliz. Puntos que Luján coloca con tino incluso donde no deberían ir para los que sólo sienten con el manual en la mano, cuando aquí las pulsiones mandan. Puntos que sincopan, abrevian, apuran el trago para que haya otro trago más, otra siesta salvadora, otra noche inesperada en la que un balcón sea lo mismo que asomarse a una ciudad ajena, donde todo sea posible. Las piezas, aparentemente ordenadas según la primera letra de los títulos, marcan en realidad el caos vital de una vida binaria, hecha de ceros y de unos, donde el cero es la amenaza del vacío y el uno el escueto anticipo de un infinito de dos, ese ocho que no por casualidad está acostado».

Carlos Salem, extracto del prólogo El morse del amor


leer piezas del libro (PRESENTE):

10.LUCES

Tenemos un tragaluz secreto por donde se nos filtra todo lo que brilla al otro lado del mundo. Y los sonidos ambiciosos de ese mundo. Por supuesto está en el cuarto de baño, inaccesible y misterioso. Por eso, de pronto, te veo de puntillas, tensa de la cintura para abajo, sin ropa y sin memoria, mirando por el tragaluz. Asomada. Tan estirada y viva. De la cintura para abajo las cosas pueden ser una línea de esas de pescar. Una luciérnaga que se enciende y después se apaga porque después ya nunca más se encenderá. La medianoche en las inmediaciones de Stamford Bridge. Cuando ya no queda nadie. Nada. Excepto vos haciendo virguerías con un aerosol metalizado. Excepto vos apurando las palabras. Y entonces yo. Te veo de puntillas, desde atrás. En lo alto. Tensa. Y me siento como el pobrecito Ulises. Pidiendo inútiles porfavores en medio de la soledad. Sin que la cera tape del todo mis oídos. Sin que mis oídos cieguen del todo mi vista. En lo más alto del mástil. Ahí. Tan cerca de la locura.


leer piezas del libro (PASADO):

25.ACUEDUCTOS

Por supuesto que nos escondíamos constantemente. A veces hasta nos perdíamos. A veces en el fondo más inhóspito del sitio menos pensado. A veces por las noches pero generalmente durante el día. Como dos dráculas envenenados por la impaciencia. Siempre tras un arrebato que siempre salía desde alguna escandalosa parte de nuestros cuerpos. La ciudad era ese mapa. Y ya no teníamos marcha atrás. Tu mano derecha apretando el cuello de un abrigo. Mis ojos sobre esa mano. Y entre ese cuello y esa mano y esos ojos. El fogonazo que nos cegaba. Por supuesto nos revolvíamos constantemente. A veces hasta quedarnos dormidos en la penumbra del parqué. A veces amanecía y otras veces amanecíamos untados de mermelada. Nos perseguía una suerte de vaticinio. Nos perseguía la ciudad aunque la reemplazáramos viajando en aviones imposibles. Éramos dos vampiros bajo un sol de justicia. Sin opción de refugio. Sin opción ni movimiento. Con todas las certezas envueltas en papel de fumar.


leer piezas del libro (FUTURO):

69.UNIVERSOS

Te escribiré una carta. Un correo electrónico. Un mensaje de texto. Sin pararme a respirar las letras. Porque eso. En ese futuro de hormigón armado. Nos importará poco. Acaso tendremos el bienestar de la duda. La imagen borrosa de tus manos aferradas al cabecero de la cama. Qué otra cosa podremos querer. Una confesión para saciar la sed. Para matar al monstruo. Para sostener la mueca. Para lidiar tu espina. Y un domingo que no escueza. Y un septiembre que no muera. Y enarbolarnos en lo alto del edificio. Y una mancha de algo como la sangre. Y otra noche en Malasaña o en el fin del mundo. Qué otra cosa podremos pedir. Más que. Expulsar la flema. Alimentar el morbo. Volar bien lejos. Coger bien fuerte. Y un sótano acorazado donde nos encontrará el ejército enemigo. Y su nunca. Porque nunca sabrá para qué usaremos nuestros últimos minutos. Nos quedaremos con el sí. Para soplar el polvo. Para inventar rincones. Para encender la velas. Para morir de amor.



se dijo sobre Pequeños pies ingleses (blurbs):

«Piezas breves, casi esculpidas, con frases cortas. Puntos seguidos, algunos que marcan la distancia entre dos sentimientos, dos recuerdos. Puntos que surgen en toda relación amorosa, unas veces intensa, otras dolorosa, otras alejada. Puntos que Marcelo Luján coloca a su aire para dar la intensidad a la narración, para cortar, suspirar, y seguir. Elena Casero


reseñas sobre este libro y sobre otros libros de Marcelo Luján