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Era
eso, la imagen de la borra garabateada en el fondo del pocillo, una voz
contando algo. La voz de Javier contando algo. No era mucho pero sí, claro
que sí. La voz de alguien contando.
-A Mónica la conocí en abril del 85 por intermedio de
mi hermano Luis -explica Javier-, que para esa época estaba terminando el
colegio primario en el turno noche. El día anterior, Luis me había contado
que unos pibes lo querían cascar; entonces fui con él para defenderlo. Ahí
la vi por primera vez. Estaba vestida así nomás y tenía un cuaderno en la
mano, me acuerdo que tenía un cuaderno el la mano. Me gustó de entrada y
se lo dije a mi hermano: 'che, qué linda está tu amiguita'. Al día
siguiente volví al colegio, pero no por mi hermano sino para verla a ella.
*
La versión definitiva de este
cuento, con el título Insistencias, apareció recogida en la
colección de relatos En algún cielo, Fundación Colegio del
Rey, 2007. |
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